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Tandava, la danza de Shiva

Actualizado: 19 feb 2023


Tandava es el nombre sánscrito para definir la danza de creación y destrucción cíclica del universo (Ananda y Pralaya Tandava) que desarrolla el aspecto arquetípico que llamamos Shiva (Śiva).

Mitológicamente, es la representación simbólica de la visión cosmogónica de algunas de las tradiciones de India, que contemplan el universo como una danza de creación y disolución en sí misma cíclica. Como practica meditativa, Tandava es parte de la tecnología heredada del Shivaísmo Tántrico de Cachemira.


Contenidos del artículo:



Mientras danza, Shiva Nataraja, luce un gesto en una mano que nos recuerda: “no temas”. Es Abhaya mudra.



La iconografía nos muestra, de manera simbólica, lo que representa esa fuerza arquetípica de vida que es Shiva Nataraja: una fuente inmensa de poder en pura conciencia, que danza más allá del miedo.


Su danza es también llamada Tandava Pralaya, la disolución de todo lo que existe, que se funde de regreso en Shiva-Shakti.


Uno de los aspectos de Shiva es Nataraja, el danzante cósmico, o etimológicamente, el rey de la danza.


Su representación iconográfica nos da una idea de las cualidades de vida que se expresan a través de él:

  • Serpientes alrededor de su cuello

  • Su pelo está enmarañado y con rastas. Es salvaje y libre, en un tocado con una luna creciente: allá donde había oscuridad, poco a poco llega la luz.

  • Y también en su pelo, una flor de estramonio, flor ritual con efecto psicoactivos de ofrenda al dios.

  • En la parte superior, la cabeza de la Diosa de Ganges, Gangotri. De su boca brotan agüitas sagradas.

  • Sus cuatro brazos son los 4 estados de conciencia: vigilia, dormido, sueño sin sueños e iluminación.

  • Toca su tambor, un damaru, al ritmo de los ciclos de creación y disolución. Símbolo también del latido cardiaco.

  • Mudras, gestos en sus manos. En una de ellas, Abhayamudrā, recordándonos: “no temas”. Su brazo izquierdo oculta su corazón, mostrando su poder de ocultar y revelar.

  • Su pierna derecha se apoya sobre un enano, el demonio Apasmara, representación del estado de identificación limitado y egoísta.

  • Pierna izquierda se alza en movimiento, y el pie apunta hacia el brazo izquierdo, mostrando la libertad del alma.

  • En su mano, fuego, o Agni, pues maneja las cualidades del fuego de crear y transformar, y también está rodeado de un círculo de fuego, prabha mandala.



Para mirar esta imagen con lentes yóguicas, vamos a remitirnos a una historia que cuentan ecos antiguos de India.


Pues los tiempos del mundo son muy largos. Al final de cada uno, Shiva está listo para reducir todo a polvo, y que de ahí pueda crearse una nueva era.


Shiva Nataraja, por su inmortalidad, puede atestiguar el paso de los ciclos de eras, y eras, contemplando del principio al final, y cada nuevo inicio.


Vemos en él tres ojos: el izquierdo la luna, el derecho el sol y el central la mirada interna y testigo. Representan también las tres gunas, o shaktis de la naturaleza.



En su mano sostiene un tambor, y al ritmo de cada golpe siembra la muerte y renacer de la siguiente era. Shiva danza su propia música, en el interior de un círculo de fuego prahba mandala. Es el poder cósmico de crear y consumir, también conocido como samsara.


Samsara representa los ciclos de nacimiento, vida y muerte continuos. Y por otro lado, más cercano a nuestra percepción, representa la cantidad de patrones y hábitos estancados en los que nos quedamos dando vueltas por mucho tiempo hasta que son liberados abriendo espacio y libertad en ese área.



Para Shiva este círculo de fuego no es un problema. Lo observa sin miedo. Así como tampoco teme las serpientes de su cuello.


Las serpientes son un poderoso código yóguico. En particular la cobra y su veneno simboliza el veneno de Avidya, una de las cinco Kleshas u obstáculos del camino.


Avidya representa la confusión en el reconocimiento interno, creyendo que soy otra cosa diferente a creación divina. El veneno de la cobra, no es peligroso para Shiva. Él es discernimiento y claridad mental.


La ignorancia está representada por el demonio enano debajo de sus pies, sobre el que danza. Es la fuerza que nos mantiene en identificación con nuestros dramas cotidianos. Y lo usa como un pedestal para su danza, alzando su mirada aún más alto, en un nivel superior de conciencia, que permite contemplar los dramas diarios desde otra perspectiva.


En sus orejas pendientes típicamente de hombre y de mujer, representando la unión de los opuestos complementarios.



Nos dice: presta solo atención al ritmo de la danza.



Y danza tranquilo y en paz la disolución de cada era. Sabe que todo lo que ha nacido, tiene que morir. Cuando porta un cráneo nos muestra la mortalidad. Todo lo que nace debe de morir. Es lo efímero. Él sabe que la destrucción aclara el camino del renacimiento. Y que en el renacimiento y crecimiento hay compasión.


Es gracias a la acción de disolución que ofrece Shiva, que Brahma puede ejercer sus labores divinas de volver a crear. Es precisamente la disolución lo que genera un terreno fértil para el renacer.



Todo se disuelve en el corazón del universo, a nivel macrocósmico.



A nivel microcósmico, todo se disuelve en nuestro centro corazón. Es el proceso de disolución y transformación que ofrece el camino evolutivo espiritual, donde todo aquello que limita el reconocimiento de la esencia que somos va disolviéndose. Así puede morir la identificación con la creencia hecha carne: “soy este cuerpo”.


Aspecto de Shiva danzante nos inspira a danzar esta vida en libertad.


Esta libertad proviene de saber que nada nos ata permanentemente. Que todo es efímero. La danza de Shiva libera del miedo al cambio. Nos invita a navegar con valorlas olas del cambio.



Cosmovisión de India: la Creación.


Recapitulando, la danza de Shiva nos habla de un aspecto de la cosmovisión de India: nos cuenta que la existencia se mueve en ciclos donde la manifestación de los universos se expande, regresando cíclicamente a su propia disolución.


Como muy bien explica Devadatta Kālī en su libro “In praise of the Goddess”, la noción hindú acerca de la creación está muy alejada de los conceptos en los que todo se crea de la nada.


La pregunta aquí, desde una mirada filosófica no-dual o Advaita es: ¿cómo Eso, la propia Existencia, que es una, puede manifestarse en la multiplicidad de formas que vivimos?


Esta pregunta es una invitación a indagar en el proceso creativo en sí mismo: nos lleva a ver que la creación del universo es un acto de transición entre un estado potencial y uno manifiesto.


Como una semilla que contiene el potencial de ser, y aún no es manifestada. Y al germinar inicia un estado de manifestación creativa.


Es la semilla del árbol, que tiene todo el potencial de ser árbol, latente. Cuando ésta germina, empieza su manifestación en forma arbórea.


En las tradiciones Shivaítas, este principio existencial toma el nombre de Shiva. En estado absoluto, no es posible nombrarlo o definirlo. Nuestra mente, que es parte de la expresión manifestada, no puede acceder a ello.


Y cíclicamente, la existencia se crea en la danza de pura alegría y éxtasis de Shiva, al ritmo de su tambor: Ananda Tandava.


Así mismo, durante esta danza se da lo que conocemos como ciclos de saṃsāra, que traduce del sánscrito como “mundo”.


Saṃsāra.


En sánscrito encontramos numerosas palabras que traducen como “mundo”. Quizá saṃsāra es la que define de manera más precisa los ciclos que vivimos como experiencia humana, una y otra y otra vez... a través de un mecanismo evolutivo.


Literalmente significa “lo que fluye juntos”, refiriéndose al perpetuo flujo que nos mueve a través de nacimiento- vida- muerte- renacimiento.


A veces es referido como saṃsāra-mandala (“ronda de existencia cíclica"), o saṃsāra-cakra (“rueda de existencia cíclica"). Muchas veces haciendo referencia a nuestra existencia humana condicionada.

Esto nos recuerda que la energía no puede ser destruida o creada, sino solo transformada de una forma en otra. Iconográficamente, en la danza de Shiva Nataraja, es el fuego le rodea.



Su rostro muestra la ausencia de miedo, pues sabe en lo profundo de sí que nada es para siempre, y que todo lo que fue creado será destruido, abonando el campo para un nuevo comienzo.

Que nada puede ganarse o perderse, y que la creencia de que esto es así es solo la ilusión que llamamos vida, siendo parte de nuestra experiencia condicionada.


Esto le inunda del más rico de los perfumes: la libertad.



Shiva como arquetipo de liberación.


Y es precisamente este su recuerdo: la esencia arquetípica de Shiva es la liberación.


Liberación de las ataduras y condicionamientos, y la apertura al máximo potencial humano, que descansa latente en nuestro interior hasta el momento perfecto que despierta y se expresa.

Esta fuerza creativa latente es el poder de Shakti Kundalini.


Siempre que hablamos de Shiva, la pura conciencia, está junto a él Shakti, el poder creativo.


En eterna unión con Shiva, su Shakti es su propia danza.

Él es el danzarín. Ella, su amada, es la danza.


Otro aspecto interesante de su iconografia es su danza sobre el demonio Apasmara.


Dicen los textos que este demonio es ignorante y epiléptico.


Esta fuerza asúrica, expresión de la ignorancia, está presente en todos los seres humanos, y se traduce en el egoísmo que se expresa en “yo, mío y para mí”.



Cuentan ecos antiguos de India que si Shiva Nataraja no estuviera presente, esa misma ignorancia invadiría a todos los seres humanos por completo sin dejarnos evolucionar.



Es por eso que danzará eternamente sobre él, abriendo una vía para disolver todos nuestros condicionamientos en su danza cósmica, y ofrecernos liberación.



¿Qué es Tandava?


Además de todo lo expuesto acerca del aspecto de Nataraja cosmogónico, mitológico y arquetípico, Tandava se refiere a una práctica fundamental del Shivaísmo Tántrico de Cachemira.

Podemos hablar de ella como una danza meditativa, pero disolviendo el concepto restringido de danza a uno amplio, pues no tiene pasos definidos ni una técnica de movimiento concreta.


Una danza que se disuelve y renace en sí misma. Como la representada simbólicamente a través de Shiva Nataraja.


En la presencia de la respiración, la sensación corporal y lo que sucede en este momento, se abre un flujo de movimiento espontáneo y natural que seguimos y contemplamos a la vez.


Es una danza sin danza, sin forma. Que, paradójicamente, toma forma y se expresa en movimiento.


Es el camino de recuerdo de nuestra naturaleza esencial Shiva-Shakti.


Cultivamos y avivamos la mirada testigo, interna: la quietud a través de la cual es contemplado el movimiento incesante de la vida.


Y se abre un camino de re-encuentro con el movimiento natural y la mente natural. Con el estado natural del ser.


ॐ नमः शिवाय

Om Namaḥ Shivāya

“Saludos al Señor Shiva, el auspicioso”



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Bibliografía:

In praise of the Goddess, The Devimahatmya and Its Meaning. Devadatta Kālī

Tantra, The Path of Ecstasy. Georg Feuerstein


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Texto redactado por Martha Tena.

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Mi agradecimiento por las imágenes:

Primera imagen, estatuilla de Shiva Nataraja en la naturaleza: hamrthroer en Pixabay.

Segunda imagen, estatuilla de Shiva Nataraja en fono naranja: Lathish MV en Pixabay.

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