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Las causas del sufrimiento



Podríamos decir que desde el inicio de los tiempos, el ser humano se ha mostrado curioso en el conocimiento a sí mismo, las causas de estar aquí, el sentido de vivir y, también por qué sufrimos. Hemos dejado rastros de ello a través del arte, las filosofías y religiones.


No conozco a nadie que no haya sufrido nunca. Parece parte de este juego.


Lo que sí he encontrado es quien sabe manejar el dolor con sabiduría.


He conocido equilibristas que caminan la cuerda floja de las experiencias dolorosas, atravesándolas y saliendo con más eje, fuerza y confianza.





Se suele decir que las experiencias difíciles te hacen más fuerte. Pero no estoy de acuerdo. En mi experiencia de 23 años acompañando seres humanos en sus procesos vitales, 13 de ellos en proyectos sociales, donde las dificultades personales son cotidianas, veo que lo que te hace más fuerte no es la dificultad, que incluso puede llegar a derribarte, sino la manera de afrontar esa experiencia.


Eso es lo que veo que marca la diferencia. Cómo percibimos y actuamos ante lo que la vida nos propone.


Las tradiciones antiguas nos han legado enseñanzas y guías claras para transitar con más sabiduría los retos de abrirnos a la vida.


Encontramos diferentes “mapas” que responden a linajes, tradiciones y épocas históricas concretas.


Siempre que hablamos de una tradición antigua es importante contextualizar de qué estamos hablando. Tendemos a una simplificación excesiva en occidente en estos momentos cuando hablamos de la tradición yóguica, o tántrica, o budista, con frases del tipo: el yoga dice, según el tantra la vida es así. Esta frases reduccionistas pueden tener pinceladas de razón, pero son demasiado limitadas para ser verdad.



Dentro de la cosmología de India, diferentes tradiciones y linajes nos hablan de un concepto que es el que me gustaría hoy exponer de la manera más sencilla posible: Kleśāh.


Traduce como obstáculos, o aflicciones mentales. Son las distracciones, las falsas identificaciones, que impiden sentir la calma y tranquilidad internas, equilibrio, facilidad. Traduce así también como “veneno”.


Son estados mentales que producen nubes en la mente y en la percepción, conduciendo hacia una experiencia de sufrimiento (duḥkha).


Duḥkha es un interesante concepto sánscrito por el que vamos a pasar de puntillas. Lo encontramos en las tradiciones filosóficas y religiosas de India hinduístas y jainistas, y en el Budismo, siendo una de “Las Cuatro Nobles Verdades”.

Desde esta mirada, la vida es un camino de sufrimiento, el cual surge del deseo, apego y aversión.


Traduce como insatisfacción, falta de espacio, sufrimiento, dolor, pena, malestar. Y se puede considerar un concepto filosófico clave en el camino de liberación.


Duḥkha es el nombre que recibe la experiencia de insatisfacción, en la constante búsqueda de lo que creo que aquí falta; el estrés de tratar de satisfacer los deseos y necesidades; la frustración de no cumplir las expectativas; deseo de perfección, sin recordar que todo aquí es impermanente, y por lo tanto la perfección no es alcanzable (y a la vez, paradójicamente, esa imperfección es perfecta). Todo a la vez.


El origen de duḥkha tiene que ver con la confusión y la falta de claridad mental y discernimiento. Cuando sufrimos, las causas parecen muy sólidas, y así las kleśāhs toman mucha fuerza a través de nuestros pensamientos, sistema de creencias y acciones.


Te voy a contar algo que quizá ya sabes: en realidad, estas causas no tienen fuerza si no se la damos. Es la creencia de que tienen poder la que las da el poder.




Encontramos valiosas enseñanzas sobre el sufrimiento en los textos de Patanjali, en el hinduísmo, en el Tantra Tradicional de India, en el Budismo…


Swami Laksmanjoo (1907- 1991), maestro de Shivaísmo Tántrico de Cachemira, nos habla de las kleśāh, los velos quintuples.


En esta línea filosófica partimos de que experimentamos el mundo a través de la ignorancia. Vivimos en saṃsāra, que traduce del sánscrito como mundo cíclico y dual. Estos velos obstaculizan una percepción clara de nuestra esencia, de quienes somos y del mundo, ocasionando sufrimiento.


El Shivaísmo de Cachemira habla de un concepto que puede sernos de mucha utilidad como mapa para navegar las experiencias vitales, íntimamente relacionado con las kleśāh que venimos nombrando.


Son las malas, en sánscrito. Traduce como impurezas, o contaminantes. Representan mente nublada, el intelecto donde no hay claridad ni discernimiento. La imagen de una mente nublada nos lleva a reconocer que con nubes hay cosas que no puedo ver.


La práctica se enfoca en clarificar la mente, lo cual disuelve estas nubes que me impiden ver el cielo en su esplendor.



Las malas son consideradas impedimentos para la realización y descubrimiento de nuestra esencia. Estos tres velos fundamentales son:


  • Anava Mala. Representa la falsa creencia de que soy un ser separado del resto de seres, de la vida y de lo que podemos llamar nuestra esencia divina. Traduce como ignorancia o egoísmo. La identificación con la individualidad que experimentamos desde un plano relativo.

Me resulta curioso que en Tamil, lengua de comunidades del sur de India, anava traduce como humildad y modestia. ¿Será que la propia palabra contiene el obstáculo y su medicina ?


  • Maya Mala. Se refiere a la identificación con nuestra percepción de la realidad, que es considerada una ilusión. Es ilusoria no porque no esté sucediendo, sino porque no ocurre tal y como creemos que ocurre.

Los condicionamientos de experiencias pasadas, conscientes e inconscientes, la identificación con las emociones y pensamientos, y su interpretación, nos llevan a contarnos la historia de una manera. Vemos a través de las “gafas de Maya”. Es como llevar unas gafas con los cristales tintados de un color. Percibimos el mundo “coloreado” según nuestros condicionamientos previos.

  • Karma Mala. Respecto a nuestras acciones, respondemos, reaccionamos a los acontecimientos, según nuestros condicionamientos previos, conscientes e inconscientes.


Incluso en aquellas áreas que nos sintamos más libres, es muy probable que estemos respondiendo a un acontecimiento bajo el influjo del karma: resultado de las decisiones que hemos ido tomando en el pasado. Toda acción tiene una consecuencia.


Es lo que nos mantiene en ruedas de reacciones, que nos lleva a actuar de la misma manera y repetir comportamientos. Incluso aunque en un primer momento una decisión pueda parecer que nos gusta o trae alegría, estas experiencias conducen siempre finalmente al sufrimiento. Hasta que a través de la auto-indagación esta tendencia puede liberarse con discernimiento, ofreciendo nuevas decisiones, caminos y paisajes a nuestra experiencia.



Transcender las malas es un acto revolucionario y trascendente.


Disuelve el propio concepto de sí. Quien comienza la auto-indagación, muere en el camino, revelándose el ser natural que soy.


La auto-indagación es un camino de observación minuciosa de lo que atraviesa el cuerpo, la percepción, pone en duda toda creencia, destruye el concepto de sí y las creencias a cada instante.

Requiere la estabilidad en la mirada interna, y cultivar el silencio. Desde ahí se pueden observar y descubrir los mecanismos internos que la identificación con la personalidad va adaptando para sobrevivir y perpetuar el concepto que sostenemos acerca de quiénes somos.


A través de la práctica, el silencio interno va “descoloreando” nuestra percepción. La mente va clarificándose, y el espacio interno abre nuevos potenciales creativos de expresión que se manifiestan orgánicamente, sorprendiéndonos.


La liberación no es con la personalidad y a través de quiénes creemos que somos. La liberación es de este concepto de quien soy. Es ahí, cuando muere el concepto y la idea, que puede florecer la experiencia de quien soy.




Retomemos las kleśāh. Swami Lakshmanjoo habla de ellas como aquellos obstáculos o impedimentos del logro de la felicidad, la paz y la liberación. Las divide en tres categorías principales:


  1. Relacionadas con el cuerpo, que conducen a buscar placer y evitar dolor, y a la identificación de todo lo que sucede en el plano cuerpo-mente. Deseo, ira, avaricia, lujuria y envidia.

  2. Relacionadas con la mente, que llevan a la identificación con las ideas, creencias y pensamientos, creando un sentimiento de individualidad y separación. Orgullo, arrogancia, envidia e ignorancia.

  3. Relacionadas con la existencia, y raíz del resto de kleśāh. Es la ignorancia fundamental de nuestra verdadera naturaleza y la percepción de separación de otras formas de vida y de la divinidad.



Kleśāh son consideradas una envoltura, una capa o vestido que nos impide ver y experimentar nuestra naturaleza. Estas capas son llamadas kanchukas.


Ocasionan una agitación en la mente, en la mirada, que dificulta la expresión orgánica y natural del ser. Esta agitación es llamada vikshepa.


Swami Laksmanjoo transmite que la práctica para disolver estos obstáculos es lo que llama Tattvajñana, que recuerda a la autoindagación propuesta por Ramana Maharsi, uno de los grandes maestros en la filosofía del Advaita Vedanta.


Consiste en la observación minuciosa y el reconocer que “yo no soy eso, yo no soy eso”- “neti, neti” en sánscrito, lo que va disolviendo las falsas identificaciones. Esta práctica supone la negación de todo concepto atribuible a la esencia de quién soy. Reconociendo que está más allá de toda definión.


Otra práctica asociada es “iti, iti”, “soy eso, soy eso”, en un reconocimiento de la esencia que soy, que responde a una naturaleza trascendental de la realidad, dejando de lado toda definición y concepto, abriendo la mirada a lo que aquí sucede, y conduciendo a la libertad profunda de vivir y ser.



La auto-indagación invita a cuestionar las normas sociales y así caminar un camino nuevo y renovado cada vez.



En las tradiciones Samkhya y Yóguica, encontramos otra aproximación similar con matices diferentes. Se habla de 5 kleśāh básicas que vamos a desgranar:



Ávidyā. Traduce como ignorancia, desconocimiento o confusión.


Es la identificación con lo temporal e impermanente. La incapacidad de reconocer en experiencia directa nuestra esencia divina e interconectada de Todo.


Se considera la raíz de todos los sufrimientos. Y el auto-conocimiento sería la medicina que nos permite bucear en este principio de reconocimiento de nuestra esencia consciente, que disuleve la identificación con los fenómenos transitorios.


Supone estar navegando entre los extremos de los principios duales que rigen este mundo. Lo bueno y lo malo, lo que me gusta y lo que no, lo placentero y lo doloroso. Esta es la naturaleza de los principios temporales. Pues todo lo que rige este mundo dual es impermanente.


El sufrimiento nace en el deseo de que esa impermanencia, ese vaivén, sea de otra manera.


Empuja a buscar la felicidad en el lugar equivocado, creyendo que ahí la vamos a encontrar. Surge identificación con aquello que creemos nos dará felicidad; pero ésto se acaba, y comienza otra vez el sufrimiento.


Es una enseñanza profunda. Toma un instante para sentirla; ver cómo se expresa en tu vida.



Las olas en este mundo dual seguirán aconteciendo: cosas que gustan y otras que no. Deseos buscan satisfacción.


Cuando la identificación con lo transitorio se disuelve, y emerge el reconocimiento de mi esencia divina, el sufrimiento cesa. Poniendo el foco en el lugar acertado: en el reconocimiento de la esencia de lo que soy, que trasciende lo individual, incluyéndolo como divino.



Asmitā. Traduce como identidad o ego. A veces como egoísmo, pero esto puede llevar a confusión.


La dificultad aquí no radica en que exista un ego, un principio de individuación (ahaṁkāra) que es además necesario para vivir esta experiencia humana. El tema es la identificación con la personalidad, que me percibe separada del resto de vida.


La creencia raíz de “soy solo mi cuerpo”, “soy solo mi mente” y “soy solo lo que me ocurre”.


Esto nos conduce a un “egocentrismo” en cuanto a que todo ésto define quien soy, incluídas las posesiones materiales.


De nuevo el foco se pone en el lugar equivocado. Es una percepción propia limitada y errónea de sí. Es una confusión del aparato visor, del ojo, con quien ve. Yo veo, pero no soy mi ojo.


Se abre aquí una invitación a cultivar la mirada testigo, y disolver la identificación con la experiencia misma que es vivida. El reconocimiento que ya soy, y que experimento la vida. No soy la experiencia ni los medios a través de los cuales la vivo.


Se va disolviendo así la falsa idea acerca de mí, descubriendo la naturaleza interconectada de todo, la esencia de la vida y quién soy.



Rāga. Traduce como apego, deseo, atracción. Es el aferramiento a cosas, situaciones o personas que nos hacen sentir bien o dan placer. “Querer siempre más”. La mente que pregunta: “¿y ahora qué?.


En sí mismo el deseo no es un obstáculo, sino el querer agarrarlo. Es el deseo no satisfecho que lleva al sufrimiento, así como una vez realizado, y tras la satisfacción momentánea, la aparición del siguiente objeto de deseo.


Se considera una fuerza que conduce a vivir en ilusiones, y desde un sentido limitado y pequeño del ser, individual, que dificulta gestos, como la compasión.



Dveṣa. Traduce como rechazo, aversión. Es la otra cara de rāga. Es la evitación de personas, situaciones, cosas… que nos generan dolor e incomodidad.

Es el aferramiento a evitar estas experiencias lo que nos mantiene en la ilusión de la separación. La acepción, una mirada amplia que contempla las cosas como son, es la práctica fundamental en la disolución de este velo.



Abhiniveśāḥ. Traduce como miedo a la muerte, intolerancia hacia la incertidumbre. necesidad de control. Es el apego a la propia concepción de sí.


En base a la impermanencia de todo lo que acontece, el miedo a que el cambio se produzca es la causa del sufrimiento. Ya sean los cambios que vamos viviendo a lo largo de esta vida, como el final que supone la muerte del cuerpo físico.


La identificación con la idea acerca de sí, las creencias acerca de la vida y la muerte, el aferramiento al cuerpo físico y a una percepción limitada de la experiencia humana son la base de este miedo.


La idea de que lo que vivo a través de este cuerpo es lo único que existe y que cuando este cuerpo deje de latir todo termina.


Este velo nos mantiene en una ilusión de supervivencia individualizada, poniendo el foco en evitar lo inevitable: que los cambios se den y todo se transforme cíclicamente.


La disolución de este velo supone la entrega a la muerte física del cuerpo como el abrazo al último gran cambio de cada encarnación, y el reconocimiento de la continuidad de la vida más allá de ella.




¿Dónde nos conduce la disolución de las kleśāh? ¿Por qué son importantes dentro del camino evolutivo y de trascendencia?


Pudiéramos pensar que si el sufrimiento desaparece, el resultado es que seré feliz. Y si, podemos simplificarlo así. Pero miremos un poco más allá, pues el tema es complejo.

Parece que la disolución del sufrimiento, al menos tal y como vivimos, no es tarea fácil para la mayoría. Pero también sabemos que se pueden ir alcanzando cotas de mayor crecimiento, madurez y así también de paz y felicidad.


El objetivo en las sabidurías ancestrales no es “tan solo” ser feliz en mi vida. La felicidad llega por añadidura cuando un ser humano se vive libre en reconocimiento de su naturaleza.


El objetivo no es una felicidad efímera, dentro de la mirada dual felicidad- dolor, sino una alegría profunda, de base, que acompaña suceda lo que suceda.

La intención en muchos de estos caminos, y puede ser también la tuya, es elevada: la liberación: moksha.



Pero liberación ¿de qué?


Liberación de la identificación constante con eso que llamo “yo”. Disolver la creencia de que soy algo separado del resto del mundo. Pero no solo a nivel de idea, sino de experiencia. Una cosa es decir la manoseada frase “somos uno”, y otra muy diferente es sentirse al menos una pizca en conexión al ser humano que tengo al lado, o la planta, o a un gato.


Liberarse de la carga del sistema de creencias, que nos ata a vivir las mismas experiencias una y otra vez, y además de manera inconsciente.

Las tradiciones antiguas hablan del ser natural, Sahaja, que florece cuando los condicionamientos se han disuelto. Esto abre la espontaneidad, lo impredecible, lo nuevo. El ser natural.



Dice Lalla Ded, poetisa y yoguini Cachemira que en el S.XIV caminó, renunciante, desnuda por las calles de India:



La luna es siempre nueva y siempre está llena.

Los seres humanos nunca pueden poseer lo que su luz revela.

¿Por qué, oh mente, buscas en vano la luna,

que nunca ha dejado de estar contigo y brilla siempre en tu interior?

La luna que brilla en el exterior es sólo un reflejo de la luz interior,

que es la misma en todos los seres.

Despierta a la verdad, y encuentra la luna siempre nueva

que brilla en tu interior, y nunca más sentirás soledad.




...

Texto redactado por Martha Tena.

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Mi agradecimiento por la imagen. Fuente: pexels-cottonbro-studio.


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